Un hombre acusado de abusar de un joven lo niega ante los jueces. La víctima, con una enfermedad mental, ha explicado que tenía miedo del perro del acusado. El perro del hortelano es, además de una obra de Lope de Vega y una película de Pilar Miró, o precisamente por ellas, el que “ni come ni deja comer”, pues algo parecido ha ocurrido con el perro de la siguiente historia.

La Audiencia Provincial de Murcia ha acogido un nuevo caso por abusos sexuales. Los hechos tuvieron lugar en el apeadero del tren en Librilla, la mañana del 2 de junio de 2009. El acusado, un joven que sufre una “encefalopatía crónica, retraso mental moderado y trastorno ciclotímico y bipolar” esperaba el ferrocarril que debía llevarlo a Alhama para un taller especializado de formación, cuando un hombre, acompañado de un perro bóxer, se le sentó al lado. Siempre siguiendo el relato fiscal y el del propio denunciante, que ha corroborado hoy en la sala de vistas, el acusado procedió a tocarse el miembro viril, a tocárselo a la víctima (por encima de la ropa y por debajo) y a practicarle una felación al joven.

El acusado lo niega. Admite que paseaba por allí su mascota pero que esas cosas “no le van” y que usa una sonda que prácticamente impide cualquier acto sexual.  La víctima dijo que le tenía miedo al perro. Que el acusado le dijo que si se lo mandaba, el perro mordía.

Preguntado por la defensa del acusado por qué no se fue de allí cuando vio aparecer el perro ha dicho la víctima que “no tenía que pasarme nada malo”. Pero aún ha ido más al detalle:
– ¿Te dijo que “si no haces lo que yo quiero te voy a zumbir (sic) al perro para que te muerda”? -preguntó el abogado
– No, dijo que si se lo decía él, mordía, pero no me amenazó con el perro -contestó la víctima.
Entonces ¿por qué no se fue de allí cuando comenzaron los tocamientos?
– Me quedé bloqueado -ha explicado el joven.

Una educadora social, profesora de la víctima, ha contado al tribunal que aquel día el joven estaba muy nervioso, que le confesó lo ocurrido y le ayudó a identificar al acusado. También ha corroborado que la víctima no tiene impulsos sexuales desordenados, y por tanto no hay experiencia previa de incurrir en conductas extrañas. Por todo ello, la Fiscalía pide 13 años de cárcel para el acusado, una orden de alejamiento a 500 metros y una indemnización de 12.000 euros.

Al margen de la veracidad sobre el relato de cada una de las partes, sus señorías los magistrados tendrán que dilucidar si el perro, “de grandes dimensiones” según una testigo, era o no era una intimidación o el sabueso atrezzo de los abusos sexuales, es decir, si el perro de esta historia es el del hortelano, que no amenaza pero no deja de amenazar, que no come pero no deja comer.
Casos como éste nos recuerdan que, a veces, la realidad es muy perra, y que por algo el perro es el mejor amigo del hombre.