Llegó gritando al juzgado y salió sonriendo camino de prisión. Ésa es la crónica de la mañana en los juzgados de Molina de Segura. Pero como siempre hay más de fondo.

José Torres, alias ‘el Paletas’, se bajó del furgón de la Benemérita casi con enfado. En los alrededores tenía familiares que le desean suerte y ánimo. El detenido se dirigió a los fotorreporteros y les gritó: “¡Grabadme! ¡Querían violar a mi hija!”.

Ésa es su versión. Él actúo para defenderse de las amenazas vertidas contra él y contra su hija. Siempre según su versión, un joven de origen rumano, hijo del fallecido, por poco atropella a su hija cuando se bajaba del vehículo del Paletas. Discuten. El rumano, dice él, les amenaza con una navaja. Se cabrea, la emprende con su propio coche contra el coche del rumano. Aparece la Policía Local y pone paz entre los que quedaban en la calle San Luis de Alguazas.

Sin embargo, tras regresar de celebrar la Nochevieja, pasó justo por la ventana de la casa del joven rumano. No por nada, si no porque ambas familias viven en calles aledañas. Refiere que le insultaron, le amenazaron a él y con violar a su hija. Y que le dispararon. Y él, que llevaba un arma, respondió con dos o tres disparos y se fue.

Pero uno de esos disparos, a través de la ventana, impactó en Valerica Giurgiuveanu, un rumano de 49 años que trabajaba como temporero en el campo y es el padre del joven con el que discutía José. Dice que no supo de la muerte del hombre hasta que, horas después, se lo dijo su propio padre.

Se entregó a la Guardia Civil el pasado día 1 a las 10:30 de la mañana. Se le hicieron pruebas médicas en el Hospital Reina Sofía para probar si actuó bajo los efectos de una intoxicación por drogas y alcohol.

Esta mañana acudía al juzgado intuyendo su suerte. Su abogado, Jorge Novella, reitera que “ha mostrado su voluntad de colaborar y actuó en defensa propia porque a él le estaban disparando”.

Ha sido acusado de ser el presunto autor de un delito de homicidio, de otro tenencia ilícita de armas y un tercero de daños. Ha salido más tranquilo, casi sonriente, lanzaba besos a su familia y les decía que “os quiero mucho”. Llevaba el auto de prisión en la mano.